4/10/17

FRACTURA

Tomada de la red.

La luz que entra.
La luz.
Los niños espían anhelantes,
dentro de la oscuridad del armario.
Los niños, ¡ay los niños!
Todo sea por los niños.
Papá y mamá lo intentan con arrumacos.
Sobre la cama blandita,
con cabecero de níquel y dosel de bandera.

La luz que entra laminada y lechosa.
La luz con pispirris de café amargo.
Mamá se enreda en un sudario de sábana.
Papá llora decepción, enrocado.
Visten sus lutos y se alejan.
Cierran los ojos los hermanos,
juegan a quererse a mordiscos y besos ensangrentados.

La luz que entra laminada y lechosa.
La luz que agoniza y se cuela por las rendijas de la ventana.
Las porras golpean los postigos y las puertas.
Papá y mamá deambulan como fantasmas asustados
en el silencio ofuscado de la casa.

25/9/17

VACÍO


Tomada de la red.



No voy a llorar, lo prometo.
Sólo déjame estar aquí.
Cogerte de la mano.
Y si la congoja me ahoga,
en seco tragaré esa bola amarga.

Yo vigilaré si acaso duermes.
Como cuando dibujaba tu cuerpo,
con un dedo húmedo,
desde los pies de la cama;
y la imaginaba acurrucada
en el hueco de tus caderas.
Y sentía.

No paraba de llorar.
No parabas de reír.
Nos movíamos livianos
por la vida.
Su vida.
Nuestra vida.

No digas que no fue eso.
Ni se te ocurra.
Sí, lo merecía.
Merecía este castigo.

Seguí sonriendo a la placa transparente,
como un estúpido,
cuando el de la bata blanca
dictó su condena:
arrancarme de cuajo el sentimiento.
Para siempre.

Volveré a estar en alquiler.
A tanto el cadáver.
Será gratis para el de la bata blanca.
En cuanto acabemos con esto.
Nada más dejar libre el hueco en tus caderas.
Y si quieres,
yo también me marcharé.
Pero ahora, déjame estar aquí.
Te prometo que no voy llorar.

18/9/17

EMOCIONES. SELECCIONADO EN EL CONCURSO DE RELATOS SOBRE ABOGADOS

Tomada de la red.

Sobrevivió al escorbuto, al calor asfixiante, a la escasez de agua y al temporal que acabó con media tripulación y parte del pasaje del barco en el que viajaba. Nada consiguió doblegar su voluntad de hierro. Ya en tierra americana, compró un rancho y se casó con una mujer a la que adoraba. Ejercía como juez, sin que emoción alguna alterara su imparcialidad a la hora de dictar sentencia, hasta el día en que asaltaron la diligencia. Cuando el juez vio el neceser ensangrentado de su amada en manos del ayudante del sheriff, hizo caso omiso del llanto y los gritos del muchacho proclamando su inocencia, y mandó al encausado a la horca. Desde entonces su vida es un infierno. Piensa que tal vez se equivocó e imagina al verdadero asesino acariciando la cabeza de un hijo de la misma edad que tendría, si viviera, el que esperaba su esposa.

16/9/17

MONEDA. MICRORRELATO GANADOR SEMANAL DE WONDERLAND


Tomada de la red.



Hipnotiza la estela de agua. Camino de mar que deja el ferry. El día pierde la Laguna Azul en la distancia. Muere un poco, plácida la tarde. Los móviles quieren captar los azules, los verdes, los tierra. La belleza enlatada y lista para mostrar a una vuelta más de vida. Y que no se desvanezca entre los frágiles hilos de la memoria. Con suerte, puede que la invasión que amorece los sentidos aflore. Hora de abandonar el barco. Y entonces la puerta cortafuegos que se cierra de golpe sobre la muñeca. El dolor intenso y un hueso roto. La vida.


http://blog.rtve.es/files/lart-descriure-16-setembre-2017.mp3

27/8/17

EL PODER


Tomada de la red.

Y entonces te detienes y regresas a los pies de la cama. Muerdes mi labio inferior y lo repasas con la punta de la lengua. Te descalzas y, sin soltar tu presa, abres las distintas puertas. Botones de camisa que se hunden en el ojal, cremalleras con sus dientes separados. Me tumbas con un empellón de tu mano de muñeca nacarada con uñas de sangre. Y consumas tu posesión. Bebo el rojo. Palpo el perfume de vainilla, macerado con el calor del verano. Veo el aullido salvaje. Oigo las mariposas batiendo alas. Huelo el fa sostenido hasta que estalla. Luego te levantas jadeante. Ajustas la falda de vuelo, la blusa, te pones los zapatos de tacón y caminas, tambaleante, hasta la puerta. Tú tienes el poder. Tú mandas. Pero sólo he de gritar no quiero, para que vuelvas. Tal vez mañana.